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Pasión: dolor y placer - Vive del arte

Pasión: dolor y placer

15 de abril de 2025 Juan Mora 1 Comment

¿Qué es la pasión? ¿Qué tan importante puede ser en la vida?

Palabra común en nuestro lenguaje cotidiano. La usamos cuando nos referimos al sentimiento entre seres que se aman, la evocamos cuando se trata de lo que hacemos o nos gustaría hacer, lo que también estaría relacionado con lo que somos o nos gustaría ser. Está presente cuando hablamos de nuestras aficiones y también de nuestros gustos o deseos por algo. Está implícita en la actitud que toma una persona frente a una meta, un desafío, en la forma en que se compromete o entrega a una causa.

Está implícita en la actitud que toma una persona frente a una meta, un desafío, en la forma en que se compromete o entrega a una causa.

En ese sentido, la pasión es emoción, sentimiento, una actitud intensa hacia algo que despierta nuestro interés, que activa nuestra mente y nuestro cuerpo en una sincronía que nos mueve o nos impulsa hacia la satisfacción de un deseo intenso y profundo.

La pasión personificada

Aunque no se puede medir, tal vez podríamos clasificarla en las actitudes que tomamos como humanos en diferentes etapas o situaciones de la vida.

Está por ejemplo, el apático o desinteresado, es decir, el que carece de pasión casi en un sentido absoluto. Su posición es clara puesto que no titubea, su negación es rotunda y extrema, no tiene disposición a dar el brazo a torcer, a darse a algo.

Por otra parte, está el mediocre (y todos lo somos en muchos aspectos). Es el que ama, pero no por entero, el que observa, pero ve a medias o de forma sesgada, el que dice unas cosas, pero se guarda otras, el que hace las cosas, pero de forma descuidada o a regañadientes, el que tiene objetivos, pero anda desenfocado.

Y está el entusiasta, el que está poseído o inspirado por un dios. Es aquel ser al que se le nota la pasión por algo o por alguien, está enardecido y se entrega con frenesí, no actúa por una motivación externa, sino que goza de un fuego interno que le impulsa con fuerza a darse a algo por entero. Igual que el apático, tiene una posición clara, pero en este caso es quien vive fundamentado sobre un sí inquebrantable.

“El entusiasta vive fundamentado sobre un sí inquebrantable”

— Juan Mora

Si nos confrontamos con estas personificaciones de la pasión, el apático, el mediocre y el entusiasta, notaremos que en todos los casos estará latente algo que atañe a la pasión: el sufrimiento. ¿Por qué?

Porque la pasión significa también padecimiento, no hay pasión sin sufrimiento.

El apático padece porque ha caído en el aburrimiento. Su desinterés no es gratuito, ha surgido porque lo que antes le motivaba ahora ya no tiene sentido. Sufre porque tiene que lidiar con una vida en torno a la nada y cuando se trata de situaciones específicas, padece porque no todo le complace o siente la presión de tener que complacer a los otros para poder encajar.

El mediocre sufre, porque vive de fracaso en fracaso. Siente que casi llega, pero no alcanza, se siente amado pero no del todo y cuando ama, no es capaz de darlo todo. El miedo lo mantiene en una fluctuación entre el sí y el no y termina acostumbrándose, a llevarlo todo así, en una actitud conformista e inconsciente, y eso se vuelve su padecimiento.

El entusiasta padece, porque pone todas sus fuerzas y esto duele. Sufre porque mientras obtiene lo que espera tiene que dar lo máximo y a la vez experimentar la ansiedad al pensar si su compromiso dará fruto o no. Sufre también, porque luego de su esfuerzo, si llega la recompensa, esta será temporal o le llevará a lo que está implícito en la naturaleza humana que es el no estar del todo satisfecho, entonces tendrá que seguir dándolo todo por una meta mayor.

Entonces, tal vez la importancia de la pasión para el ser humano esté ligada al acto y al sentir. Bien sea para el apático, el mediocre o el entusiasta, la pasión moviliza o aquieta. El apático se posiciona en no tomar, en no elegir o en rechazar algo, y esto en sí, ya es un acto y un sentir despertado por la carencia de pasión. El mediocre camina por la cuerda floja, tambaleándose entre hacer y no hacer, sentir y no sentir y sea como sea, su caminar lento le conduce a algún destino por insospechable que este sea, con suerte a un buen final. Y por último, el entusiasta es conducido por su pasión a la satisfacción de sus deseos o incluso a la decepción al sentir que tal vez su entrega no valió la pena, pero al menos respecto a sus acciones y sentimientos sabe que puso todo su empeño en dar lo mejor de sí.

1 Comments

    15 de abril de 2025 REPLY

    Me encanta leerte 🥰

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